Galería López Quiroga

Ciudad de México
Texto por Guillermo Santamarina

Instrumentos anatómicos y feéricos, nevínicos, como agua -de Hilma Af Klint- en el desierto. Escultura otra vez, o como quieran poéticamente llamarle, de vibrato, de raíz, que toque con los pies en el suelo después de sobrevolar montones de estratosferas. Sin trampa ni rollón. Para otros, será más de lo mismo. La vieja noria que gira en el mismo eje herrumboso, un arroz pasado. En mi caso, es la revitalización de un lenguaje común, quizás  demasiado común, puede, pero que me hace repetir el disco, una y otra vez, fruto de la persuasión, del convencimiento, y si me apuran, de una especie de realismo mágico que habla de volver al pasado. Paul sabe donde pisa y me lo transmite, de perfil a perfil, este paisaje donde regresan espiritualidades y amigos para encontrarse. De acuerdo. Con una fórmula tan escueta y honda  como la de hace un siglo atrás cuando inventaron, entre comillas, el poder del arte abstracto. Lo más allá de la puerta donde es concertada la cita de deseo prosaico, o la maniobra programada, o lo simplemente funcional, por obvio. Aquí está entonces, la energía de materiales  como sustento de las discrepancias  de lo potente y lo vulnerable, los duros y los débiles, lo fugaz, lo eterno. Plásticas incandescentes. Y como, las lentejas: las tomas o las dejas.

Fragmento de  Plásticas Incandescentes, Guillermo  Santamarina

music is a princess, I´m just a boy in rags, verano 2011.

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